Escucha bien esto,
porque no es una frase al viento.
Es una promesa con el peso de la verdad.
Prometo que te voy a amar
como si esta tarde,
este instante,
fuera la última vez que te viera.
Te voy a besar con la urgencia del adiós,
con la pasión de quien tiene la valija lista
y sabe que no hay vuelta atrás.
Sin guardarme un gramo de aliento,
ni una pizca de deseo para el mañana.
Te voy a mirar con esa luz final,
esa que te grita en silencio:
'Recuérdame así, con todo mi amor puesto en tus ojos'.
Porque la vida es un préstamo a corto plazo,
y el miedo es el que te hace amar a medias.
Pero yo, yo ya no juego a eso.
Hoy, cada caricia será la despedida más dulce,
cada abrazo, la única foto que voy a tener de vos.
Y si hay un mañana, mi amor,
no te preocupes.
Voy a despertar y voy a empezar de nuevo.
Voy a amarte otra vez,
como si ese día, de nuevo,
fuera la última vez que te viera.
En ese riesgo, en esa entrega total,
es donde está la única forma real de amar
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