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Esperé... y nadie llegó a mi encuentro. El día se fue apagando lentamente…

Esperé... y nadie llegó a mi encuentro. El día se fue apagando lentamente, hasta que el último destello de sol terminó por abandonarme. ¿Puedes recordar la última vez que te sucedió a ti?

Tomo entre mis manos aquello que, con tanto cuidado, nació de la casualidad, del dolor y del reconocimiento. Se alimentó de ilusión y de anhelo, pero creció frágil en un mundo voraz, en un mundo ciego, porque tal vez no pertenecía aquí.

No sé qué existe después del dolor, aparte de la anestesia.

Recuerdo cuando me dijiste que no te sentías digno. ¿A qué te referías? Porque yo no puedo verlo.

No puedo verme a mí misma. No sé qué soy. Me pierdo al no encontrarme reflejada en tus ojos.

¿Dónde están tus manos, cariño, para sostenerme mientras caigo lentamente?

"No desaparezcas", "no te vayas", "quédate conmigo", "no me dejes"... resuenan a lo lejos, mientras me desvanezco en el eco del silencio.

Hay cosas que simplemente no se entienden, se sienten.

Mañana el sol brillará más tarde, pero siempre volverá a salir por el mismo lado, y volveré a transitar las mismas calles de siempre, como cada día.
Esperé... y nadie llegó a mi encuentro. El día se fue apagando lentamente…