En un mundo poblado de palabras,
nosotros elegimos contemplar,
el arte que no logra enseñse jamás,
sanar con el silencio, hablar con un mirar.
Con lazos eternos que amarran almas,
viajamos por ciudades que saben volver,
dejando recuerdos que el tiempo ha de tejer.
El silencio se tensó y siguió su corriente,
atravesó afrentas sin nunca romperse,
como un río profundo que sabe esconderse,
pero fluye invencible, callado, resiliente.
Nadie me advirtió que hay lazos eternos,
que no se quiebran aunque el alma lo pida;
a veces me duele haber dado mi vida,
¿lo increíble? no lo cortaría,
ni en un millón de años lo pensaría,
sus frágiles hilos, que sostienen mi vida.