Gracias...
Intenté abrigarme en agradecimientos,
pero preferí dejarme inundar
por profundidades más concretas.
Dejar que, de a poco,
se disuelva eso
que se adhirió a mí
sin darme cuenta, sin pedir permiso.
Fui a buscar algún tipo de calidez,
no importaba cuál,
soy buena encontrando.
Pero esta vez
necesitaba no hacer más esfuerzo.
Caminé,
recibiendo el abrazo sincero de la brisa,
escuché atentamente todo el día
lo que el mar tenía para decirme.
Logré sentir calor en mi cuerpo,
y aun así
no fue suficiente.
Ni esas muestras de presencia.
Me sentí fatal…
y pasó.
El silencio vino a encontrarme.
Y volví a sentirme enamorándome de él,
compartiendo un café
frente al mar.
J
Gracias...