Grano
¿Sabes de qué me di cuenta?
De que, en tu vida, soy como un grano en el cul*, literalmente.
Nunca imaginé que mi presencia pudiera resultarte tan molesta, aunque, al final, esos granos, con el tiempo, uno termina por encariñarse con ellos.
Cuando te conocí, pensé que los dos íbamos a la par, trepando montañas, proponiéndonos metas, soñando juntos.
Te vi como ese chico que podía con todo, el que no se rendía ante nada. Pero últimamente veo otra cara de la historia. Siento que estás cayendo por el precipicio, y lo haces por voluntad propia. Y mientras tanto, me tenes de la mano, a mí, que con la otra intento sostenerme de una piedra para que no caigamos los dos.
Pero ya está llegando el momento en que mi mente le pregunta a mi corazón si realmente quiero saltar contigo. Y es una pregunta difícil, porque empiezo a cuestionarme si mi vida debería depender de alguien… y peor aún, de alguien que decidió saltar de la montaña sin siquiera preguntarme si yo quería hacerlo también.
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