Grecia đź’”
Te quiero como quien ama el mar,
te quiero como quien ama el silencio.
Pero no quiero que pienses que soy raro,
ni que te alejes, ni que me llames extraño.
No quiero que te vayas sin decir una palabra,
ni que me odies sin yo haberte hecho nada.
Te pienso...
No sé qué hacer, porque es frecuente
este deseo de ti, este tenerte en mi mente.
Cada dĂa te veo más bello,
y yo, pues… ciertamente raro y feo.
Los otros me enseñan que la belleza
es más relativa que cierta.
Quisiera tenerte cerca,
vivir una noche mágica en Grecia,
donde me des lo que ahora pienso,
donde estemos más juntos
que la tierra de su estrella.
Que me ames como la luna ama al sol,
y que tu voz solo me llame para amarme,
y tus labios solo existan para besarme.
Pero no estoy listo para declararme,
y me asusta el eco de tu voz.
Temo que no sea un “sĂ”, sino un “no”.
Te quiero, pero a la vez no quiero nada,
porque sé que no piensas igual,
y mi miedo susurra
que es más probable un “no”.