Habitación sin eco
Me quedé en la habitación vacía,
donde la oscuridad tenía tu forma
y cada noche te traía hacia mí
como un susurro que parecía real.
Pero la misma sombra que te dibujaba
también supo borrarte.
Llegó la realidad—
abrazadora, indiferente—
y deshizo en silencio
lo poco y nada que creía tener de ti.
Fui yo quien abrió el pecho,
quien desarmó el corazón sin defensa,
y es esta misma humanidad la que hoy
me mira con una suave compasión.
Aún así,
quiero creer que te habito en algún rincón,
que alguna vez rocé tu alma
con la delicadeza de lo que no pide quedarse.
Pero la pregunta persiste,
lenta, inevitable:
¿fuimos…
o solo fui yo,
aprendiendo a amarte en soledad?
Mi corazón aún pronuncia tu nombre,
aunque ya no grita—
late despacio,
casi en paz,
casi melancólico.
Porque hay amores
que no nacen para quedarse,
solo para enseñarnos
que incluso la ilusión
puede sentirse eterna…
hasta que aprendemos
a soltarla.
J
Habitación sin eco Me quedé en la habitación vacía, donde la oscuridad tenía…