Hay un par de almas,
mis amores,
que no conocieron mi casa,
que no sintieron el abrazo fuerte de su padre,
y, sin embargo, lo son todo.
Yo no sé de nombres,
no sé qué ojos hubiesen tenido,
si más oscuros o más claros,
si hubiesen sido dos soles o dos pequeñas lunas.
No tengo una foto, che,
solo tengo la memoria de un tiempo
donde latía mi esperanza acá dentro.
La vida se encargó de poner la pausa.
De cortar la película en el mejor momento.
Tantas cosas que no hubo:
no hubo cuna armada,
no hubo primer diente,
no hubo esa risa de bebé
que te desarma las malas rachas.
Solo hubo el plan, la ilusión... y después el silencio.
Y ese silencio duele, claro que duele.
Porque en mi cabeza,
ustedes dos viven.
Están jugando en el rincón
que el tiempo no pudo llevarse.
Ocupan el espacio que es solo de ustedes.
Son el eterno futuro que no fue pasado.
La gente habla de superarlo,
de que el tiempo cura,
pero yo te digo que el amor no se va.
Se queda con esa forma de dolor noble.
De herida abierta que se besa.
El miedo más grande era olvidarlos.
Y me doy cuenta que es imposible.
Porque cada centímetro de mi vida
es una pregunta por ese 'hubiese sido'.
Y si me preguntás por qué sigo,
por qué peleo,
es porque tengo que ser el testigo de que existieron.
Y solo tengo un ruego, un grito al cielo:
Ojalá pudiera haberlos visto.
Solo un instante,
un segundo de ese milagro.
Para llevarme esa imagen
hasta el último día