Hoy me siento mejor
Encontrar un espacio.
Aprender a quedarse.
No era romántico,
era raspar la pared
hasta que aparezca un hueco
para respirar.
Le estoy metiendo ganas,
de verdad.
Aprovechando el disfrute
como robando un beso rápido,
mirando para los costados.
Yo me pensaba rebelde.
Pero lo perdí hace rato
entre días iguales
y pensamientos que giran
como perros atados.
La perdí en algún momento
entre el miedo a no llegar a fin de mes
y la costumbre de callarse.
Algo me absorbía,
como esas fábricas invisibles
que producen obediencia.
Vivía en automático:
caminar,
pensar,
dormir,
volver.
Pero hoy intento calmar.
Calmar con la memoria de mis labios.
Y que la vida me lleve
por donde quiera.
Porque todavía prefiero eso
antes que volver
a esa obediencia prolija
que te deja viva
pero sin sangre.
Prefiero el desorden.
El aire entrando fuerte en los pulmones.
Aunque a veces,
todavia duela respirar .
A