Hoy quiero que me leas el cuerpo como si fuera el último libro,
página por página, sin índice, sin final.
Que tus dedos sean el marcador que se detiene en cada curva,
que tu mirada subraye con fuego lo que nadie más ha tocado.
Quiero perderme en tu espalda,
convertirme en niebla que se cuela entre tus omóplatos,
en sudor que baja lento por la columna como ese escalofrio al tocarte donde se que te gusta .
Mis labios la recorren como un ciego que memoriza un mapa sagrado,
beso a beso, vértebra a vértebra, hasta que tiembles y el mundo pierda el norte.
Una tormenta de manos te desviste envuelta en pasión,
dedos que rasgan tela como si fuera papel mojado,
botones que saltan como gotas de lluvia contra el vidrio,
y tu risa ronca cuando quedás desnuda ante el trueno de mi deseo.
Hagamos que el mundo se detenga afuera,
que el tiempo se pudra en la calle mientras nosotros
quemamos el aire con cada jadeo,
que el oxígeno se vuelva ceniza entre nuestros dientes.
Quiero sentir el rastro de tu aliento en mi cuello,
ese hilo caliente que me ata al borde del abismo,
tu aliento que huele a deceo y placer,
que me eriza la nuca y me hace arquear la espalda
El sabor de tu boca en la mía,
lengua contra lengua como dos llamas que se reconocen,
un beso que sabe a sal, a hierro, a altas horas de la madrugada
Tu piel erizada rozándome,
cada poro despierto gritando mi nombre en braille,
pechos que suben y bajan como olas furiosas,
muslos que se abren como páginas prohibidas,
y ese roce interminable, piel contra piel,
hasta que no quede ni un milímetro sin reclamar.
Que el último capítulo no exista,
que sigamos escribiéndonos con uñas, con dientes, con gemidos,
hasta que el libro se queme entero
y solo queden brasas,
Escribamos miles de libros y quememoslos
Como nosotros sabemos
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