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Hoy una canción abrió una vieja puerta, y alguien se coló sin hacer ruido. No…

Hoy una canción abrió una vieja puerta,
y alguien se coló sin hacer ruido.
No todos los recuerdos piden ser despedidos;
algunos eligen perdurar,
como brasas calientes en el pecho,
susurrando un apellido,
y luego aprenden el lenguaje del silencio,
no por ausencia,
sino porque el tiempo mismo
puede ser una forma de cariño.

Pensar en alguien cada día,
dejando que su nombre caiga en una oración
como una hoja en el agua quieta,
se siente puro, casi sagrado,
hasta que un día la nostalgia
empieza a mecer el corazón
como un barco sin orilla;
dulce, vertiginoso,
como vino seco que calienta
y conmueve el alma.

Y es entonces cuando la conciencia pesa más que el deseo,
cuando la ternura se cruza de brazos,
cuando el amor,
en lugar de avanzar,
aprende a quedarse quieto,
a observar desde lejos,
a proteger
lo que ya no puede tocar,
pero que aún vive.