—Infante en vela
Heme en el ébano,
cráneo de arcaica cicatriz,
infante que yace solo
refugiado en su duermevela.
El insomnio
y el estrépito de las amígdalas
lo mecen en su fosa de yeso.
El lóbulo se vacía de líquido espeso
hasta que el ápice cede al vértigo;
despierta la criatura fálica.
Gime.
Su órbita escupe pesadumbre
Persiste en su quejido átono.
Articulo fonemas,
mas el infante y su gimoteo
tejen gasas de desgana,
nubes de una niebla que no alumbra.
Amorfas,
imprecisas,
nerviosas que vibran
en mi laringe exhausta.
El pequeño infante
soy yo mismo.
Yo, el que llora con mi propia boca amputada
yo, el que no desprende la garra de lo que oprime.
Mas ya no quiero
esta intemperie interior.
Abjuro de esta placenta
que habita mis vísceras.
E