Infierno en la tierra.
El cielo está de luto, Dios viste de negro,
pues su creación ha causado el fin de los tiempos.
El verdadero infierno está aquí en la tierra,
con la humanidad representada como sus demonios, cuyos pecados pesan más que el plomo o la sangre misma.
Este cruel infierno al que llamamos planeta Tierra, espera el fin de los tiempos para poder descansar, del sadismo y egoísmo impuestos por la sociedad.
Cuán injusta y dolorosa puede ser la vida, cuando los inocentes pierden su aliento; sus gritos se convirtieron en eco del olvido y pronto sus lamentos fueron devorados por el silencio.
El estruendo del cañón y el sonido de las bombas silenciaron sus voces.
Cuán cruel y despiadado es el destino, pues somos para él sus juguetes y él es como un niño.
Un niño cruel y despiadado jugando con nosotros como si fuéramos marionetas, un infante caprichoso que rompe sus juguetes sin llorar ni rechistar, pues para el tan solo somos una mancha en el inmenso universo tan insignificantes en el cosmos.