La caída (Prosa poética)
Éramos cuatro criaturas hediondas a pubertad y a carrizo, andando por el monte que no se cansaba de llamarnos. Y el sol danzaba como un araguaney en abril. Flacos y creídos, nosotros. Impelidos por la vagancia, fuimos a la mata de mango de la laguna. Ahora que recuerdo, creo que estaban mis hermanitos menores.
Llegamos, y las frutas enarboladas nos quebraron la nuca hacia atrás, maravillados. Corrimos a encaramarnos. No falta la imprudencia de trepar sin pensar, y menos la avaricia. Destelló el mango más amarillo, cuesta a la diagonal. Iba yo de primero. Pero otros dos, sin confabularse, con malicia quisieron impedir mi próximo logro.
Sentí, como a seis metros de altura, que la rama bajó una vez por un segundo peso y descendió más por el tercero y ¡prasss!, la rama quebró como si un rayo la hubiese alcanzado. Me sujeté entre el follaje como quien piloteaba alguna suerte de máquina. Caí cómodo. Solo dos insignificantes magullas en mis pulgares.
Quienes vieron ese vergonzoso fracaso solo presenciaron los gestos ridículos en el aire de los dos avarientos. Luego se escucharon las quejas de uno bajo el montón de hojas. Cayó como un nudo, las piernas enredadas entre sí. El otro notó algo raro en su brazo izquierdo: era el olécranon asomado desproporcionadamente.
Su llanto era risible para nosotros; gritaba su indisposición irresoluble para ir a la medicatura por temor a las jeringas. Alguien trajo una carretilla de albañilería y transportamos a quien cayó amarrado, con un pie espantosamente inflado, como de aire, por un esguince.
Solo quedó la risa de uno que parecía no sentir empatía. Confieso que yo sentía la necesidad de reír, pero sabía que era asunto serio. Yo pude haber muerto.
Se cansó el sol de bailar con su traje; durmió y volvió.
Por curiosidad fui hasta aquel lugar fatídico. Allí caí en cuenta de que la altura era mortal y, al simular con mi cabeza la trayectoria de la caída, vi el mango esplendoroso, aún pendurando, a escasos centímetros del suelo. Lo tomé y lo degusté triunfante, pensando que alguien estaría siempre cuidando de mi vida.
J
La caída (Prosa poética)