La Condena Del Deseo
Tu piel brillaba como un amanecer prohibido;
un deseo insaciable ardía en mi pecho,
ansias de beber tu sangre,
de perderme en ti, hasta la condena.
Los dioses me prohibieron tocarte:
un solo roce bastaría
para borrar tu vida y tu alma entera.
Y aun así, cada noche,
pienso en hundirme en lo más profundo de tu ser,
donde la eternidad tendría tu nombre.