La deuda de regresar
Quién iba a pensar
que después de rezar,
a ti yo iba a regresar.
Y desde aquella noche
en que te vi brillar,
supe que no eras
de este mundo material.
No eras un sueño,
ni algo con lo que se pueda comparar,
mucho menos algo
que se pueda comprar.
Pero, ¿qué pasa
cuando te golpea la realidad?
Descubres
que se quebró tu salud mental,
que ese fue el precio
que tenías que pagar
por intentar negociar.
Pero esto…
no es el final.
A la mañana siguiente
me vuelvo a levantar,
recordando
que no fue una,
ni dos,
ni tres,
fueron muchas veces
en las que intenté regresar.
Y hasta ahora
el sueño no logro conciliar,
porque si te resistes,
puedes fallar.
Pero hoy…
empiezo a quererme como soy.
Porque aunque no te guste,
me estoy superando a mí.
N