La estación que sigue abierta
Siempre te he amado desde que te conocí.
Tus ojos no miraban: encendían mi existir.
Tu sonrisa llena de fantasía,
tus manos no tocaban: dibujaban música en el aire.
Me quedé atrapada en esa música
y aprendí a vivir dentro de una canción que no era mía.
Te amé hasta gastar los calendarios.
Me acercaba: una puerta que se cierra.
Te alejabas: un eco que no vuelve.
Tu silencio decía "quizás",
pero tu boca nunca pronunció mi nombre.
Un día dijiste que no me querías.
No hizo falta un puñal: tus palabras fueron el filo.
Sufrí tanto que no hay palabras para describirlo.
Con el tiempo te casaste.
Después yo me casé.
Fuimos fichas de un juego que no elegimos.
Nos movieron. Callamos.
Años de andar por inercia,
dos robots con traje de boda y el alma apagada.
Ahora la vida nos puso de frente.
Tú solo, triste y solo.
Yo, divorciada y sin ti.
Hoy la vida nos devuelve las fichas rotas:
tú con tu sombra,
yo con tu ausencia aprendida de memoria.
Hemos hablado como viejos amigos.
Te he dicho que siempre te he amado.
Nada respondes. Pareces ido del mundo.
Estás aquí pero ya no estás.
Tu cuerpo es una carta que llegó sin destinatario.
Podemos empezar este amor. Podemos tantas cosas.
Te llevo como una costilla de más.
Me duele al respirar.
Soltarte sería amputarme,
pero tú ya no eres mi cuerpo.
Tú eres el tren que pasó
y yo la estación que sigue abierta.
Pero tú no me amas.
¿Qué puedo hacer?
A