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LA ETERNA ELECCIÓN

LA ETERNA ELECCIÓN
Divaga mi mente en hondo desvarío
y el alma pronuncia tu nombre en silencio;
te pienso en la sombra del tiempo tardío
y en mi soledad te conviertes en templo.

Miro un “tal vez” diluirse en la bruma,
abrazo un “quizá” que no quiso volver;
el tiempo es la ola que muere en espuma
llevándose intacto nuestro ayer.

Si aquel niño frágil, de fe desmedida,
hubiera aprendido el arte de ceder,
no fuera esta ausencia herida encendida
ni el adiós un error que no pude vencer.

Aquel que se fue queriendo quedarse,
aquel que por ti prefirió su final,
dejando su mundo desmoronarse
por no lastimarte en su frágil cristal.

Mas si el destino, en su eterno movimiento,
nos diera otro cielo, otra eternidad,
allí vencería el amor al tiempo
y haría del miedo una claridad.

Porque yo te vi en tu forma más pura,
conozco tu risa y tu profundidad;
sé que en mi pecho hallas la ternura
que guarda tu nombre sin vanidad.

Y esta es mi verdad, sencilla y sincera:
te vi en el ayer y te supe elegir;
aunque hoy la ausencia se vuelva una espera,
te vuelvo en silencio a preferir.

En mundos posibles, en vidas alternas,
mi elección sería siempre así:
entre mil destinos y mil cavernas,
te vería…
y te elegiría a ti.

-CALL-