La farsante
Su nombre ponía tus nervios de punta;
te retorcías al saber que yo estaba en su lugar,que el camino de mis lunares solo te haría naufragar.
El reloj seguía corriendo,
el tiempo se burlaba de ti.
La mujer que amabas ya no estaba allí;
en penitencia, solo podías verme a mí.
Tu castigo siempre serán mis ojos:
en esos dos cristales empañados vas a recordar que el veneno también es dulce
y que no todos los caminos llevan al altar.
V