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La Golondrina

La Golondrina

Construyó aquel nido entre barro y paja,

tras el vaivén de los motores que no dejan escucharla.

Su música resuena en cada escombro del lugar,

aunque aquella golondrina siempre intente callar.

Ave bendita la llaman: luz otorga y nunca pide nada.

Un abrazo necesitaba, porque sus alas yacen ya cansadas.

La esperanza nace en ella, alquebrada vuelve a volar,

los polluelos esperan por fin verla triunfar.

Ante el frío cayó desnuda,

el abrigo de sus hijos le importaba.

De sus alas se acurrucaban,

y así ella quedaba sosegada.

Vuelos impares veía entre las hojas,

preocupada acudía a limpiar cuando tropezaban.

Siempre se quedó ahí, y siempre lo estará.

Y qué irónico,

porque golondrina

ella jamás será.
—D.J. Laos