"La gran luna de tinta" (Poema narrativo)
Me sentaba colgando de algunos troncos,
mirando sobre mis hombros,
y siento que vuelve a pasar,
me empiezo a sentir mal.
Mientras el problema me consume,
no podía evitar llorar,
pero luego vino un cuervo de incertidumbre
que me empezó a hablar.
“No tengas miedo de lo que la vida te da,
pues todo aquí no es la realidad.”
Atónito me quedé al escuchar,
¿cómo se supone que debo actuar?
El cuervo carcajea sin cesar,
me estremezco y me enojo ante ello,
luego se pausa y me comienza a picotear,
y el aire se me escapa del cuello.
“¿Qué es lo que necesitas?”
expulso, igual de cansado que flores marchitas.
“Solo te quiero ayudar.”
No entiendo… y me empiezo a molestar.
“¿Ayudar? ¿En qué ayudarás?”
“Pues sé lo que te hace mal.”
Me quedo en silencio observando margaritas,
“sé lo que haré… no soy un simple anormal.”
“Yo sé un lugar que te puede gustar,
donde el dolor no existe,
tus problemas querrán saltar,
y ya no estarás triste.”
Mi boca queda abierta de la sorpresa,
“¿cómo sabes lo que sufro?”
“Solo soy una especie traviesa”,
responde con un brillo seguro.
No pienso mucho y lo sigo,
“caminemos hacia la gran luna de tinta”,
parloteó el pequeño amigo,
y mi duda en silencio se pinta.
“¿De qué luna de tinta hablas?”
no me aguanté de preguntar,
y solo se posó en mi hombro con sus alas:
“un pequeño espacio donde descansar… y ya no pensar.”
Como buena idea sonó,
y mi esperanza se exaltó.
“¿Sabes cuánto vamos a tardar?”
“No mucho… pero antes debemos a otro lugar llegar.”
Sin dudar asentí,
“antes, en la tierra húmeda debes parar.”
Sin una palabra más, no me arrepentí:
“¿qué buscamos? ¿algo con filo para cortar?”
El cuervo solo asintió,
“algo así… pero esto no te hará sufrir.”
“¿Cómo? ¿Me dejará vivir?”
“Sí… eso sí”, y luego rió.
Cuando el sol caía
y la tierra se oscurecía,
encontramos el objeto…
y me quedé perplejo.
“¿Qué es esto?”
miré, descontento.
“¿Esto es lo que dices que me va a salvar?”
y el cuervo rió sin dudar.
“Ahora no lo entenderás,
pero esto te servirá.”
Calló, mirando el suave atardecer
que amenazaba con desaparecer.
Caminé durante la noche con esperanza,
sentía la alegría correr por mi espalda.
“¿Qué tan genial es ese lugar?”
“Oh… ya lo vas a notar.”
(Estómago)
(Corazón)
(Pecho)
(Estómago)
Me detuve. Ya llegamos.
El cuervo salió de mi hombro.
“Puede que la nada sea lo que observamos…
pero sigue mis pasos, sin asombro.”
Escucho al pájaro lentamente,
y me siento extraño… pero consciente
Clavo el bastón donde me indica,
y lo presiono con una fuerza que me complica.
“No tengas miedo, has sido valiente…
descansa ahora, cierra los ojos.”
Lo hago lento, con el cuervo enfrente…
y entonces entiendo… y no me enojo.
Y a la vez podía verla:
la gran luna de tinta era cierta.
Pero luego…
solo veía mi cuerpo muerto,
y al lado… el cuervo.
¿Esto fue real?
(Estómago)
(Corazón)
(Pecho)
(Estómago)