La primera vez que te vi,
que flechazo agudo
en mi corazón sentí.
¡Qué alegría súbita
en mi pupila ausente!
Y un rubor cubría
mi cara dulcemente.
Revoloteaban mariposas
en todo mi interior,
y quedé en un estado
de total contemplación.
No sentía las rodillas
y hasta me parecía,
que entre el cielo y la tierra
estaba suspendida.
Gravitaba en tu mirada
que era bella, amada,
y descendí en un suspiro
locamente enamorada.
A