La promesa de seguir
El año comenzó sin fiesta para mí,
mientras otros brindaban,
yo trabajaba en silencio,
con el corazón ya cargado de responsabilidades.
El mes llegó con cuentas que dolían,
con el dinero huyendo de las manos,
con el miedo apretando el pecho
al ver a mamá luchar contra su dolor.
La sala de hospital fue mi plegaria,
y la cirugía, una mezcla de esperanza y angustia.
Nos endeudamos por amor,
porque la familia primero se salva,
y después se ve cómo sanar las heridas del bolsillo.
Y aun así, en medio del cansancio,
apareció una ilusión inesperada,
una sonrisa que me devolvió el brillo,
una foto, un momento,
un pequeño latido romántico
recordándome que sigo siendo mujer,
que aún puedo sentir mariposas
aunque la vida pese.
También aprendí que mi corazón
no pertenece a quien otros eligen,
ni a presiones, ni a bromas incómodas.
Amar será decisión mía,
no imposición ajena.
Y así comenzó mi año:
entre lágrimas, deudas, esperas,
pero también con la fuerza
de quien no abandona a los suyos.
Hoy entiendo que este año
no será solo de lucha,
sino de renacimiento.
Será el año en que pague mis deudas,
pero también mis tristezas.
El año en que cuidaré a los míos
sin olvidarme de mí.
Será el año donde el amor llegará
sin perseguirlo,
donde mi corazón aprenderá
a elegir sin miedo.
Porque si sobreviví a un enero tan duro,
puedo sobrevivir a cualquier mes.
Y cuando diciembre vuelva a tocar mi puerta,
quiero mirarme al espejo y decir:
—Lo logré.
A pesar del miedo,
del cansancio,
de las heridas…
seguí adelante..
N