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La que se quedó

La que se quedó
‎Ya no soy la misma
‎que se rompía en silencio
‎y luego fingía que todo estaba bien.
‎No porque todo haya sanado,
‎sino porque dejé de abandonarme.
‎Ahora me miro distinto.
‎Ya no bajo la mirada
‎cuando reconozco mis errores,
‎ni me escondo
‎cuando algo dentro de mí se quiebra.
‎Aprendí a quedarme.
‎A no salir corriendo
‎cada vez que la vida se vuelve difícil,
‎a no buscar refugio
‎en lo que sé que me destruye.
‎No soy invencible.
‎Todavía hay días
‎en los que dudo,
‎en los que el pasado me llama
‎con una voz demasiado conocida.
‎Pero ya no me arrastra.
‎Ahora lo escucho…
‎y decido.
‎Y en esa decisión
‎hay algo nuevo,
‎algo firme,
‎algo que antes no existía.
‎Respeto.
‎Por mí.
‎Por lo que he aguantado.
‎Por lo que estoy construyendo
‎aunque nadie lo vea.
‎Ya no necesito demostrar
‎que soy fuerte.
‎Me basta con saber
‎que no me rindo tan fácil,
‎que ya no me miento
‎para sentirme cómoda.
‎Que si algo me duele,
‎lo enfrento.
‎Y si algo me hace mal,
‎me alejo.
‎Sin ruido.
‎Sin espectáculo.
‎Con certeza.
‎Porque entendí
‎que ser fuerte
‎no era resistirlo todo,
‎sino saber
‎cuándo dejar de hacerlo.
‎Hoy no soy perfecta,
‎pero soy honesta conmigo.
‎Y eso…
‎eso me sostiene.
‎Porque después de todo,
‎después de caer, de dudar, de intentar,
‎soy la que se quedó.