La rutina de quedarse
Creí que era la distancia
la que había cambiado todo,
pero fue el abrazo
el que no supo decir mi nombre.
Se sintió correcto,
y eso dolió más
que el vacío.
Esperaba algo único,
una señal mínima
de que aún importaba,
y encontré costumbre
repitiéndose sin temblor.
Bajé la mirada
para no llorar el pasado.
Me aferré a recuerdos
mientras entendía
que ya no era necesidad,
solo presencia.
¿Y qué hay de mí
en todo esto?
Soy quien siente
cómo la tristeza se acumula
y le roba la paz.
Quien se da cuenta
de quién es
justo cuando deja
de ser elegido.
Me pierdo en mi propio malestar,
me hago daño quedándome,
preguntándome
si alguna vez fui amor
o solo suerte.
Tal vez fui refugio,
un lugar seguro
donde descansar
hasta que el peso pasó.
Y ahora quedo yo,
con la sensación
de ser una ilusión
que no terminó de existir.
No hubo final.
No hubo gritos.
Solo entendí
que el amor, a veces,
no se rompe:
se vuelve
un día más.
S