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La vida es dura, ¿no? Cumplir roles sin miedo a réplicas y seguir estándares…

La vida es dura, ¿no? Cumplir roles sin miedo a réplicas y seguir estándares sin miedo a críticas. Pero… es lo que corresponde, ¿cierto? Ese es el camino que debe recorrer cualquier humano para alcanzar esa felicidad que tanto deseamos, pero por la que nunca hacemos nada.

Mi alma joven se encuentra desesperada, buscando un camino, uno que no tenga rejas que me encierren en esos roles y estándares. Porque, en este mundo, si eres diferente, no eres digno de ser humano, ni de alcanzar esa felicidad de la que tanto se nos habla.

Estar cautivos en una jaula es lo único que podemos hacer, desbordados por un miedo inconsciente que se nos ha inculcado desde la cuna. Los años pasan y la sociedad sigue cayendo en los mismos patrones, esos que, con el tiempo, se vuelven más y más difíciles de seguir.

Siempre he soñado que… tal vez algún día pueda volar. Pero… ¿cómo puedes pedirle eso a un pájaro que jamás tuvo alas? ¿A uno cuyo canto nunca pudo ser escuchado?

Al pasar los años, sigo pensando que, por mucho que trate de cambiar, no lo lograré. Mi deber es caminar hacia un altar de la mano de un ser al que jamás amaré. Solo queda resignarme, en esta pequeña jaula que poco a poco degrada mi vida. Todo ya está listo para cumplir un nuevo rol: ser la esposa perfecta, pero negada al amor.

Las personas ríen y se alegran, pues ya pertenezco a su “nueva sociedad”, en la que soy una mujer hecha y derecha, callada y sin opinar. La iglesia me está esperando… ¿qué más debería desear?

Tal vez, en otra vida, pueda ser yo misma, sin que la gente tenga derecho a opinar.