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LAGRIMAS EN LA ALMOHADA

LAGRIMAS EN LA ALMOHADA

Con lágrimas ardiendo en mis ojos cansados,

con sangre y su hierro marcando mis labios,

un grito atrapado quemándome dentro

rompiendo en silencio lo que no lamento.

La mente me hiere con frías punzadas,

mi cuerpo se apaga, mis manos heladas,

y vuelve insistente, profunda y oscura,

la idea constante de hallar la ruptura.

Un mes sin herirme quise sostener,

un mes sin la sangre volviendo a caer,

pero el sufrimiento mudó su camino

y halló en el silencio un golpe más fino.

Nadie lo observa, nadie lo nombra,

y en esa ausencia crecí como sombra,

pensando en silencio, sin voz y sin ruido,

que ya no quedaba nada de lo que he sido.

Mis marcas se borran, se pierden también,

mas viven grabadas debajo de la piel,

la hoja tan fría rozando mi brazo,

la sangre tan tibia quemando a su paso.

Las lágrimas caen buscando calmar,

el fuego que insiste, que no quiere parar,

alivian un instante, se van sin aviso,

dejando el ardor clavado y sumiso.

Y queda ese fuego que nadie percibe,

el dolor que en sombras callado se escribe,

el que en la almohada se viene a ahogar

mientras sigo aquí… sin saber continuar.