Leyenda
En una velada de luna nueva
pasadas las doce de la noche
bajo el árbol de nuestro adiós
sobre los pétalos caídos
de tus dulces reproches
de la pasada primavera
me senté.
Tarareando las canciones
que nos fuimos dedicando
en busca de inspiración
y aliento para mi corazón
que envejece engañado
y carcomido por decisiones,
te esperé.
Recortaste la penumbra
acicalada con la niebla,
con las raíces de tu pelo
extendidas por el cielo
y tu corazón de piedra
en tu mano desnuda,
te escuché.
Me hubiera quedado con la duda.
«Cuando dejes la pensadera
y no me escribas más poemas;
cuando practiques la madurez,
cuenta la leyenda que ese día te amaré.
Si me cumples esta promesa,
te abrazaré por la cadera
y la virginidad de mis labios,
la castidad de mi inocencia
y el secreto de mi desnudez,
cuenta la leyenda que todo te lo daré.
Cuando despiertes del delirio
y te consigas una paciencia.
Ningún nosotros hasta entonces.»
𝘿