Lo que quedó de mi
No sé si alguna vez leas esto,
ni siquiera sé si me importa ya.
Pero necesito escribirlo,
porque callarlo me pesa más que recordarte.Te quise con todo lo que tenía,
con lo poco y lo roto,
con la esperanza ingenua de que tú también te quedarías.
Y por un tiempo lo crei
creí en nosotros, en las promesas, en tu voz.Pero un día me di cuenta de que te habías ido
aunque todavía estabas aquí.
Tu mirada cambió, tu forma de hablar también,
y cada silencio tuyo me rompía un poco más.Aun así me quedé,
pensando que si amaba más fuerte,
tal vez podrías sentirlo.
Pero no se puede salvar lo que no quiere ser salvado.Y cuando por fin te fuiste,
me quedé frente al espejo preguntándome quién era sin ti.
Vi mis ojos vacíos,
y entendí que me había perdido tratando de encontrarte.Me dolió tanto,
como si una parte de mí muriera contigo.
Pero ahora sé que no fue amor lo que me quitó la paz,
fue mi costumbre de poner a otros antes que a mí.No te guardo rencor.
Tu partida me enseñó a quedarme conmigo.
Me enseñó que a veces amar no es sostener,
sino soltar con lágrimas y dignidad.Hoy todavía me duele,
pero ya no me destruye.
Y aunque me dejaste llena de cicatrices,
también me dejaste una verdad que no cambiaré por nada:
sobreviví.Porque de todo lo que perdí,
la que más valía…
siempre fui yo.— Yerelin
Y