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manos

manos
manos… ¿para qué fueron hechas si no para tocarte? para rozar la tibieza de tus mejillas suaves, apenas rosadas. para aprender de memoria cada acorde que, inevitablemente, me lleva a ti.
estas manos (las mías) que te buscan, que te acercan despacio a mi cuerpo, que descubren el tuyo como si fuera la primera vez, siempre.
las manos que se juntan para rezar, y en cada oración, tu nombre escapándose de mis labios, como si fuera lo único que sé decir con fe.
suplicando, añorando, pidiéndole al tiempo que no se apure, que te deje quedarte.
las manos. tu mano y la mía. unidas, como si supieran algo que nosotros todavía estamos aprendiendo, porque camines de mi mano muchos años más, porque no se suelten nunca, porque incluso en silencio, sigan eligiéndose.