Me gusta quererte despacito,
sin prisas, sin miedos, sin excusas,
galante, en la noche de citas,
llevando tu mano caramelosa
a mi corazón deshidratado por tus besos.
Me encantas tú, y con eso
descubro el mundo de tu risa
que sabe volar muy alto
por las nubes de mi alma
salvaje y taciturna.
Tierna morena,
de cabellos sueltos al viento,
mestiza como somos los
chiapanecos,
bañada del ámbar,
de la lluvia del cerro,
de la paz de un pueblo
que te mira hermosa
todas las mañanas.
Me gusta quererte despacito,
sin afanes de hacer tanto ruido,
o subir el ego porque tus pestañas
no compiten con la luna:
quien te mira sabe que eres
calma, ensueño virgen,
manantial que apaga una sed,
quien te conoce sabe
que no eres roca,
montaña borrascosa,
más bien eres la calma del
poema 10 de Neruda.