Me gustas
porque estás por todas partes.
Eres un poema de Borges
y la canción de Bocelli al añorar.
Mi cabeza ya comienza a
buscarte, a olerte, a sentirte,
te apoderas del minutero
que me habla en la muñeca.
Por las mañanas ya hueles a café,
cuando abres las ventanas
y los corredores del pensamiento
me asaltan la razón de sentirte
tan cerca como la llovizna de Chiapas,
como las tartas del mesón de Mamá.
Te pareces a una estatua con tu silencio
enamorado, tejido de esperanzas.
Arrancas las cicatrices que llevo
pegadas al pecho y haces tuyo mi
cuarto de ilusiones, de secretos.
Me gustas,
valiente como la mujer que sabe
que dos más dos no son tres sino cuatro,
como la niña que gravita por tu piel,
como una paloma quieta
y taciturna que va girando
en tejado.
¿Adónde hay que llegar
para que dances de alegría
en conexión con la naturaleza,
para que veas el poeta y al poema,
para que vacíes la luna
al abismo de tus sueños?