R

​Me pasé noches enteras siendo un detective de mis propias fallas. Mis manos…

​Me pasé noches enteras
siendo un detective de mis propias fallas.
Mis manos te buscaban como quien busca un refugio
en medio de la tormenta,
y vos... ja.
Y Vos hacías ese simulacro de sueño,
esa actuación barata de "me dormí" para no tener que decirme que ya no estabas ahí
aunque tu cuerpo ocupara media cama.
​Me miraba las manos confuso.
Pensaba que el problema era mi piel,
que el deseo se había muerto por algo que hice,
o por ese silencio que me dabas de comer.
Me inventé culpas que no eran mías,
mientras vos,
Vos en tu trinchera de sábanas,
te alejabas kilómetros sin mover un solo pie.
​Pero el tiempo es un tipo sabio
que no se calla nada.
Con el paso de los meses entendí que mi única culpa fue intentar,
Intentar encender un fuego en una habitación inundada.
No era yo, eras vos.
Era tu cansancio de vos misma,
tu guerra interna contra la rutina,
esa falta de química que no se arregla con voluntad.
​Entonces decidí romperme para armarte.
Yo,
Yo que nunca fui de gestos de vidriera,
te dejé una rosa cada mañana sobre la mesa;
yo,
que vivía de entrecasa,
me puse el traje de gala para esperarte en la puerta,
Yo que no decia palabra lindas tan seguido.
Te convertí en mi musa, y escribi algo lindo para vos sin falta
Durante meses.
Y con cada poema escrito
Te regalé un grimorio
Hecho por mi
Yo
Que no pintaba
te pinté en lienzos
buscando que te vieras como yo te veía,
regalándote los ojos que a vos te faltaban.
​Pero la vida da vueltas que nadie calcula. Un día, el frío te pegó a vos.
Te diste cuenta de que afuera no había nada que brillara tanto como lo que yo cuidaba en este rincón.
Entendiste que lo que estabas perdiendo no era a un tipo,
sino a tu propio hogar,
un amor real,
un sentimiento de verdad.
​Y quisiste volver cuando el silencio te aturdió.
Viste las rosas,
los cuadros,
ese hombre bien vestido esperándote en la puerta que ya no estaba,
y comprendiste que el problema no era la rutina,
sino que tenías el alma entreabierta.

Ahora el reloj camina más lento,
sin correr,
sanando los tajos que nos dejó la ceguera;
todo se está arreglando,
o se arreglará,
porque el amor,
si es de verdad,
siempre encuentra su manera.
​No fue fácil,
pero el tiempo está haciendo su laburo. Estamos aprendiendo a mirarnos de nuevo.
Porque después de haber tocado el fondo del desprecio,
entender que todavía podemos elegirnos es la victoria más grande que tenemos.