Me volvió a escribir
justo cuando ya había aprendido
a no mirar el teléfono con esperanza.
Su nombre apareció
como una puerta que creí cerrada,
y el cuerpo —traidor y sincero—
tembló antes que la razón.
No era amor lo que volvió,
era el eco.
La memoria tocando la herida
para comprobar si todavía dolía.
Me habló
y en cada palabra había pasado,
había noches,
había promesas que ya no viven
pero tampoco mueren del todo.
Yo leí despacio,
con el corazón en pausa,
sabiendo que algunas personas
no regresan para quedarse,
sino para recordarnos
todo lo que ya sobrevivimos.
Y aun así…
qué frágil se vuelve el alma
cuando alguien que fue hogar
vuelve a pronunciar tu nombre.
--LB
L