B

Mi gato está muerto.

Mi gato está muerto.
Mi gato cayó del quinto piso,
pero está bien:
estaba tuerto,
ahora está muerto.

Ya no quiero más gatos.
Todos se volvieron extraños.
Ha sido fácil ahuyentarlos,
aunque me arañaron al botarlos.

Sus maullidos al fin se apagaron.
Me pregunto si volverán en un rato…
¿podría volver también aquel gato?
Cada domingo dormía en mi cuarto.

Los rasguños me duelen,
pero tengo que buscarlo.
Tiene que dormir a mi lado.
Quiero compartirle un helado.

Quiero decirle “te amo”,
darle un beso y un abrazo,
de esos que pedía maullando,
como un gato a su amo.

Si supiera cuánto su musa lo extraña,
que me falta cada día, cada hora…
le pido perdón por haberle mostrado
a su bella hija tan lastimada.