Mi Jardín
En mi jardín floreces distinto,
no como las rosas
que presumen color al sol,
sino como esas raíces calladas
que sostienen todo
sin hacer ruido.
Te riego sin que lo notes,
con detalles pequeños,
con miradas largas,
con silencios que no pesan.
A veces te podo el miedo,
arranco las dudas como maleza,
y dejo espacio
para que crezca lo que somos
sin espinas inventadas.
Porque amarte
ha sido aprender estaciones:
hay días de pétalos abiertos
y otros de tierra revuelta,
pero incluso en invierno
sé que sigues vivo bajo la piel del suelo.
Y si un día preguntas
cómo te quise tanto,
te llevaré a mi jardín,
me arrodillaré en la tierra
y diré:
—Así,
con las manos llenas de barro
y el corazón lleno de sol.
J