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"Mi mamá me dice”

"Mi mamá me dice”
Siento un ancla hundida en el pecho, una herida abierta en el corazón… y tal vez, también, un eco en las muñecas.

Le dije a mi mamá que hay un monstruo en mi cuarto, que respira conmigo en la oscuridad y aprende mi nombre cada noche.

A veces hay fiestas. Yo soy la invitada de honor. Mi madre me dice que vaya, que me ponga linda, como si el brillo pudiera tapar lo que no tiene luz.

Pero en esa fiesta hay ruido… un ruido espeso, interminable, que en realidad es silencio, y me grita desde adentro hasta dejarme sorda.

Porque esa fiesta es mi habitación repitiéndose, día tras día, noche tras noche, como un latido que no descansa.

Los demonios no llegan… ya estaban. Me acorralan en rincones que no tienen salida, y el silencio —afilado— me desgarra los oídos, hasta que todo mi cuerpo aprende a doler.

Hay una voz en mi pieza que pronuncia mis errores como si fueran rezos, que enumera mis defectos, hasta que el espejo deja de ser vidrio y se vuelve sentencia.

Y entonces lo veo: el monstruo bajo la cama no se esconde de mí… soy yo.

Mi madre me dice que estoy muy flaca, pero yo me siento pesada, como si mi sombra hubiera crecido demasiado y ahora cargara conmigo.

No entiende que llevo criaturas colgadas en la espalda, que me tiran hacia abajo, que hacen de mi cuarto una jaula sin barrotes visibles.

Le dije que, a veces, mi habitación se siente como un oso enorme apretando a una ardilla entre sus patas, mirándola luchar sin fuerzas, haciéndola cada vez más pequeña, más frágil, más nada.

Ella dijo que estoy loca, que busque ayuda, que estoy alucinando.

Y yo olvidé decirle… que la ardilla soy yo, que la fiesta soy yo, que los demonios soy yo.

Y que ese monstruo bajo mi cama soy yo otra vez, intentando escapar de la condena de vivir sonriendo para todos… excepto para mí.