Mirala bien,
es un despelote con patas,
melena de leona al viento,
y un corazón que late como si le debiera plata al universo.
Yo, turista de tus brazos rotos,
pasaporte vencido en el bolsillo,
llegué sin visa a este país de vos,
donde las reglas se rompen con los dientes
y las promesas se dicen puteando bajito.
No sos princesa de Disney,
sos más bien la villana que se salva sola,
la que salta sin red porque sabe
que si se cae, las alas le crecen en el descenso.
Me gustás porque elegís quedarte
aunque tenés ofertas mejores en la vidriera,
porque te bancás el proceso como heroína de barrio,
con ojeras de guerra y sonrisa de “ya fue”.
Tengo dos gritos atragantados en los ojos
y un candado roto en el alma,
y aun así, cuando me mirás,
se me abre una puerta vaivén
que da directo a tu desorden perfecto.
Para mí sos un poema que no quiero terminar de escribir,
porque mientras lo escribo seguís pasando cosas
y yo sigo sin entender cómo carajo
un quilombo tan lindo puede abrazarme tan fuerte
sin romperme del todo.
Quedate un rato más,
dejá la ropa y los miedos en el piso,
que hoy no hay laburo, no hay drama,
solo nosotros dos haciendo ruido
en este idioma que se habla con piel
y que ninguno de los dos domina del todo.
Pero lo hablamos igual.
Como se habla el amor cuando ya no es estúpido,
sino real, con olor a café quemado o cigarro
y ganas de no irse nunca.