Nieve en tus ojos
Invitame un café
No por el calor,
sino por el silencio que deja entre sorbos.
Si querés, fumá.
Yo me quedo mirando cómo te parte
el humo la garganta,
cómo la pena se vuelve niebla
y se instala entre los dos.
Nevó.
Pero no allá afuera.
Nevó en tu boca,
en tus manos que ya no saben sostener
ni el abrigo ni el cariño.
Tus párpados
se están cerrando con copos.
Tus ojos son dos inviernos
que no supieron derretirse.
La ciudad está blanca,
pero lo más frío sos vos,
ahí sentado,
callado,
con el corazón en ruinas
y el café ya helado entre los dedos.
Yo también temblé.
No por el frío.
Por no saber si hoy
te vas a ir del todo.