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No escribo esto desde el odio, porque aun mirándote a los ojos podría…

No escribo esto desde el odio,
porque aun mirándote a los ojos
podría susurrarte un “te amo”.
Aún anhelo tus pensamientos,
ese respirar agitado
que desordenaba mis nervios
mientras soltabas mentiras desesperadas
Y que quede claro:
no fueron palabras,
fueron puñales hundiéndose lento, que solo un último suspiro pudieron silenciar
Tu rojo carmín
descansaba tan bien
sobre tu tierna piel pálida,
como si el amanecer mismo
hubiese decidido besarte primero.
Recuerdo que esperamos el sol
fuera de tu casa,
temblando por el frío con la nieve pintada de rosado
Y aun así,
te habría dicho “te amo”.
Y si todavía pudieras respirar,
si tu corazón siguiera rebosando alegría,
volverías a mirarme igual que antes,
para hundirme otra vez
en ese “yo también”
por el cual hoy me condeno