No sé por qué hago lo que hago,
por qué hablo si ni mi silencio es escuchado.
Busco un tacto que no existe en este mundo,
un cariño que es solo para los difuntos.
No recibiré flores hasta que me coman los gusanos,
no hablarán bien de mí si estoy para escucharlo.
Así que dentro de mí habitación me hundo,
me rindo ante el sueño profundo,
deseando una y otra vez estar al otro lado,
porque en este mundo yo no encajo.