Oh, bella cuidadora,
me lastimas sin pensar,
me hieres con tus palabras de cristal.
Marchitas mi amor, me haces temblar.
Tu voz es una voz fría
y me eriza la piel.
Tu actuar lacera mis órganos
hasta más no poder.
Oh, cuidadora,
aniquilas mi perdón,
torturas mi alma,
acuchillas mi piel
y me haces sangrar.
Tu alma me quema,
tu voz me grita odio.
Aun así, quererte.
Aun me lastimes,
odio amarte tanto.
Bella cuidadora,
lastimas mi alma,
apuñalas mi cerebro,
laceras mi alma.
Oh, cuidadora,
hazme desaparecer.
— Palabras de una Escritora Desconocida
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