Ojalá ser suficiente
Siempre dicen que el físico no lo es todo,
pero nadie entiende lo que pesa mirarse al espejo
y sentir que algo en ti siempre falla.
Dicen que no me compare,
pero ¿cómo no hacerlo
si cada vez que la veo siento que mi reflejo se encoge un poco más?
Ella es bonita… tan bonita que parece no intentarlo.
Yo me miro y solo veo detalles que duelen,
pequeños fallos que para mí son enormes,
como si mi cuerpo hablara en un idioma que no quiero escuchar.
Ella brilla sin querer,
y yo… yo apenas consigo no desaparecer.
Ella es inteligente,
las respuestas le salen solas,
como si el mundo estuviera hecho para ella.
Yo, en cambio, me quedo quieta,
mirando el examen como si me dejara en blanco a propósito,
como si mis ideas se escondieran
cuando más las necesito.
Y mientras ella termina rápido,
yo sigo ahí, intentando no llorar.
Ella habla y todos se acercan,
ríen, la escuchan, la buscan.
Yo hablo y siento que mis palabras
se pierden en el aire,
como si no fueran suficientes para quedarse
en la memoria de nadie.
A veces pienso que si un día no estuviera,
tardarían en notar que falto.
Ella tiene algo…
esa luz que hace que todo le salga fácil.
Y yo llevo esta sensación pegada al pecho,
este cansancio de sentir que todo en mí
es “casi”, “cerca”, “pero no”.
Como si siempre fuera la sombra
de alguien que ni siquiera intenta hacerme daño.
Todos repiten
“no te compares”,
pero ninguno vive en mi mente,
en mis ojos, en mis dudas.
No saben lo que duele ver
que siempre hay alguien mejor,
más bonita, más lista, más brillante.
No saben lo que es sentir
que por más que una lo intente…
ojalá, solo ojalá, un día
yo también sea suficiente.