Onírico
Quién será él,
ese hombre que sólo existe cuando duermo,
que llega puntual a mis noches
pero siempre se marcha
antes de que pueda conocerlo.
Lo vi por primera vez
en un rincón abandonado de mí,
en ese sitio donde guardo
lo que nunca digo.
Y desde entonces lo espero,
como quien espera una carta
que quizás nunca llegue,
pero igual revisa el buzón.
No sé si es fantasía
o un truco amable del tiempo,
que a veces muestra
y a veces esconde
lo que uno cree merecer.
Ojos tristes,
¿por qué no me miras?
No te culpo por el miedo,
todos alguna vez
hemos temblado ante el amor.
Vos, que siempre venís
con tu clima nublado,
dejame entenderte un poco,
ser abrigo,
ser respuesta,
ser ese instante en que algo duele
pero ya no tanto.
Tal vez algún día
te encuentre despierta,
en carne y luz,
y entonces pueda hacer
lo que aún no me animo a decir:
poner una sonrisa tuya
en mis manos,
y encender con ella
la sombra de tus ojos.