"Órbita solitaria"
Orbita solitaria
Caminando por la frontera quebradiza,
la unión de las llamas del descanso
y una serenidad sofocante.
Radiante el fulgor de tus honores,
esos mostrándose como espirales,
acurrucándose por tus piernas,
esperando el día prometido
de elevarse por tu corriente.
Sentarse en la vereda
a esperar las pisadas
de tu profecía.
La autofilia te toma del vestido
y te invita a caminar
consigo mismo:
apreciar tu respiración,
que tu sombra te deje apartado
de la desconocida alba.
Esa que atraviesa tus palmas
a través de la fascinación
de mirar atrás
y nublarte la mirada,
temiendo a la caminata
de la levedad
que pesa tras los tobillos.
Déjame acariciarte
y confesarte
bajo el velo
de las cuerdas de una guitarra.
Besar tu frente
sin decir adiós,
solo pedirte perdón.
Al mostrarte lo que no se muestra
ante tus ojos,
es el filo de verte
y saber que hasta en la profundidad
de la soledad,
lejos del propio vacío,
cuando seas un cuerpo flotante
en una misma órbita solitaria,
no te acordarás de ti.
Viajarás por el recuerdo
de muertas estrellas,
recolectando tu propia esperanza
en recuperar
su brillo fugaz.
Los rayos de lo que te dio vida
ahora dejan tus huesos a la vista.
No hay de qué llorar,
tienes razón.
Su fuego siempre estuvo allí,
nunca te llevó hacia sí:
fue el deseo que llevas en los hombros,
tu carga,
la miseria tomada por tus propios rumbos.
Seguirás crujiendo la espalda,
clavándote estacas
por cada doble acción
que te permites ver,
mintiéndote sin resonancia.
Salvando el desear
de llegar a ser,
enterrando las voces
que tatuabas en el papel,
olvidando tu nombre.
J
"Órbita solitaria"