Río con constancia,
aunque luego me vaya a sentir mal.
Siento el viento, practica vigilancia,
puede que esto sea normal.
Comento o expreso
que en la vida uno nace solo,
pero aun así he sido afortunado,
he dejado atrás el pasado.
Le dedico este momento a ellos:
mis delincuentes,
que han robado mi tristeza, esfumada como destellos,
aunque seamos tan diferentes.
Mis delincuentes, que han osado robarme,
Llevarse la tristeza
y reemplazarla por alegría sin preguntarme.
Aquí no importa la belleza.
Siempre me sumerjo en la melancolía,
es mi vida,
pero no importa ahora que están ustedes,
son mis paredes.
A lo largo del tiempo,
las memorias se desvanecen,
pero aun así la verdad permanece,
y por ello sonrío constantemente.
Buenos tiempos llegarán,
y quisiera que estén ellos ahí,
para que me roben dicha ansiedad
y la reemplacen por otra cosa, dejándola allí.
Mis ojos están dispersos
y mi estado ya casi en descenso,
pero sin importar qué,
intento seguir cuerdo.
El tiempo pasa,
la vida se alarga,
siento cada día más pesado,
pero con ustedes soy amado.
Delincuentes a los que amo,
son ellos necesarios,
no sé cómo expresarlo,
pero los quiero.
Cada día es un desglose,
pero sonrío siempre,
aunque ya no tenga doce,
ahora tengo que esperar a diciembre.
Porque desearía con toda mi vida,
de verdad lo haría,
poder verlos a ellos,
así por última vez, solo a ellos...
Y que esa última vez
me roben el sentimiento,
el sentimiento negativo
que daña mi cerebro
y lo deja curtido.