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||Matar a tu niño|| (Melancolía)

||Matar a tu niño|| (Melancolía)
Quiero que el tiempo me coma,
quiero que todos se vayan sin mí.
La angustia es el agua que se toma,
y la melancolía los ojos con los que te vi.

Es una pequeña tarde de invierno,
me sostengo respirando en tus brazos,
y casi al borde del llanto deseo
que esto sea el cielo eterno.

Lloro constantemente aquí,
pero no me quiero ir.
Stewie ronronea ligeramente en la sala,
y el viento sopla la hierba mala.

Miro indirectamente tu pesar
y no me trabo al hablar.
No quiero hablar de nada,
no quiero más hablar de nada.

El risueño sol baja con la desesperación,
el estimulante gallo canta con pudor,
y no quiero hablar con nadie,
no quiero hablar con nadie.

El sol contamina mis ojos,
vitamina directo al corazón,
y quiero tus besos,
no te daré la razón.

La cocina es pequeña,
diría que el sillón también.
Comida caliente hecha recién,
madre llamando a sus hijos mediante señas.

Y no deseo que hablemos ahora,
tal vez más tarde, no ahora.
El tiempo consolida un gran amor,
no me gusta que sepas mi temor.

Y cuando la noche llegue, te dormirás,
y junto a ti yo lo haré.
Un pequeño perrito tú mirarás,
y al igual el frío consolante llegará.

Y yo sí sería capaz,
yo sí sería capaz
de desvanecer el recuerdo que tenemos,
una promesa que tú y yo solo tenemos.

Y ahora no me hablas de nada,
no quiero que dialoguemos de nada.
Matar es ignorar en vida,
tú lo sabes y eso me lastima.

Y cuando despierte lo sabrás,
mirarás y no habrá nada:
el dulce olor al patio mojado
que se asoma casi encarcelado.

El perro que ves ladra,
él no te hará nada,
pero sigue angustiado porque no estoy aquí,
pero sigue mal porque no estoy con él, aquí.

Y sin duda te caerá la duda,
no me encontrarás ni en el baño estrecho.
El lagarto prendido del techo deja su muda
y cae libremente desde el techo.

Pero sin duda no quiero hablar con nadie,
no me hables, no quiero con nadie.
Quiero que me beses
y me digas que me quieres.

Aunque no esté, me recordarás,
no es una despedida.
Me gustaría pensar
una chica posada en la hacienda.

Y cuando no llegue,
me seguirás esperando hasta las nueve,
sentado melancólico en la espera,
probablemente sea así hasta la primavera.

Y no quiero que me veas más así,
yo no quiero que eso sea así,
pero me agota pensar en el hecho,
te estoy siendo lo más sincero.



El tiempo consume tu cordura,
pero yo no pienso volver.
Mi tristeza me supera en altura.