Parásita
No vale la vergüenza
mendigar de rodillas
un mensaje tuyo,
ni recoger tus ilusiones
que al rato se derriten
como el hielo.
No vale el dolor
que me produce
tu doble discurso,
ni las respuestas
que me lanzas
a los tres días,
como cáscaras de bananos
con las cuales me resbalo.
Toda tu indiferencia es formol
modificándome vivo.
Parásita.
No llegas ni a serpiente.
Mi alma se arrepiente
de haberte tragado.
Vomito.
Sale todo menos tú.
Y pensar que te degusté.
Pero eres una ameba
que vive de sanguinolencia,
de almas nobles
y de inocencia.