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¿Perderme o encontrarme?

¿Perderme o encontrarme?
Perder el control, perderme. Perderme en esas pequeñas muecas con rosácea y darme cuenta de que quizás ese siempre fue mi lugar. Aunque pienso en si realmente una podría encontrarse en un alma con la que jamás se había topado antes. Quizás esta ocasión sea la excepción de unos despistados opuestos complementarios.

No la vi venir, fue una conexión instantánea. Incluso no tardamos mucho en congeniar. Desde un principio, sentí ese "algo" distinto, de un plano ajeno. Hasta sentía que ya conocía sus abrazos, y ni siquiera nos habíamos rozado. Arrebató toda mi atención, como si a nadie más le hubiera pertenecido en algún momento.

Intenté pasar desapercibida, pero esconder mis intenciones no va bien conmigo; las ganas de ser su protagonista me quemaban internamente. Ella percibió la desesperación de mis ojos al querer coincidir con los suyos y se quedó, simplemente se quedó manteniendo la mirada. Me tomé unos segundos queriendo intimidarla; sé que logré mi cometido. Le sonreí. Ambas sonreímos. El silencio se apoderó del momento.

La estación cambió dos veces, y aún me tiene presa ese color marrón café, que se volvió mi favorito desde la primera vez que lo vi en esos ojos que tan tímidos no son. Los capté observándome varias veces, siguiendo todo mi cuerpo desde la cabeza hasta los pies. Por lo que noto, a veces pierden la vergüenza. Para nada como los míos, que son un poco más chillones y esconderse no es su actividad favorita.

Cuando me acerco, las sensaciones se fusionan hasta revolucionar todo en absoluto. La tensión va aumentando su frecuencia a la par de las agujas del reloj. Solemos hablar tanto que, de a poco, las personas y los objetos de nuestro alrededor van perdiendo sentido y color, hasta pasar a un plano inexistente. Mientras tanto, nuestras energías pasean por el espacio abarcándolo por completo.

Es imposible no distraerme al notar que mis sentidos se atontan, que de repente puedo quedarme horas divagando en lo mucho que quiero acostumbrarme a la expresión en su nariz, esa que surge por algún absurdo coqueteo, con el fin de formar una fiesta entre sus mejillas rosadas y volver a encontrarme allí. Simplemente volver a encontrarme, en el mismo lugar donde creí haberme perdido desde un principio.