¿Por qué?
¿Por qué?¿Por qué lo hiciste?
¿Porque era débil?
¿Por mi silencio?
¿Por mis acciones?
¿Por qué razones?
Miles. Millones de preguntas rondan
por los oscuros pasillos mentales.
Las encuentro siempre, por más que se escondan.
Quizás fue mi vulnerabilidad
o tal vez mis acciones inconscientes.
Me aterra sentir esta culpabilidad.
Que me carcome la mente.
¿Crecer era acaso una excusa?
¿Un elogio?
¿Un halago?
¿Un elogio a quien abusas?
Asco.
Repulsión
e ira.
No puedo ni siquiera describirla...
Describir esa sensación
que me revuelve el estómago
cada vez que recuerdo aquél día.
Y allí estarás tú ahora...
disfrutando de tus días.
De tu maldita vida.
De tu maldita señora.
Mientras en lágrimas yo me ahogo
maldiciendo tu existencia
sumiéndome en el abandono
de mi propia miseria.
Llorando cada día de lluvia.
Llorando cuando me odio.
Llorando cuando diluvia.
Llorando cuando te odio.
Y preguntándome el porqué.
Ese porqué sin respuesta
porque un enfermo no piensa
en lo que rompe por su placer.